24.9.21

12 DE OCTUBRE: Día del Respeto a la Diversidad Cultural

La sociedad y la escuela se detienen para recordar ciertas fechas que resultan significativas por distintos motivos. Esta puede ser una buena ocasión para discutir diferentes miradas y enriquecer las propias.
Las formas de nombrar algunas efemérides cambian según las ideas que se van desplegando en cada época. El 12 de octubre es una de ellas: “Día de la Raza”, “Día de la Hispanidad”, “Día del Descubrimiento de América”, “Día del encuentro entre culturas.” En este día se recuerda el desembarco de los europeos en América. Desde 1917, oficialmente se lo denominó “Día de la Raza”. El INADI presentó un proyecto para modificar dicha denominación por “Día de la Diversidad Cultural Americana”. La iniciativa se concretó en 2010, recogiendo las demandas de distintas organizaciones y, a la vez, instituyendo nuevos sentidos, puesto que al nombrar estamos construyendo aquello que nombramos (Butler, 2001).
Esta modificación está fundamentada, por un lado, en la idea de que la división de la humanidad en “razas” carece de validez científica. Se trata de una noción que proviene del concepto de raza animal o vegetal. Alrededor de 1750, Linneo ubicó al homo sapiens dentro de los animales, los clasificó en distintas razas según su aspecto y vinculó a cada una de ellas con determinadas características psicológicas. Durante muchas décadas, parte de la producción científica proporcionó métodos y teorías que cimentaron la afirmación de que las diferencias sociales podían ser justificadas en términos biológicos. Así, una de las premisas más firmemente arraigadas en nuestro sentido común -y que está por detrás de actitudes discriminatorias y de miedo a otra o un otro- es que las razas representan categorías naturales de personas organizadas jerárquicamente que se indican mediante un código de colores: negro, blanco, amarillo o rojo.
El racismo no tiene fundamentos científicos puesto que la biología molecular ha demostrado que la raza no es pertinente como criterio clasificatorio para los grupos humanos. El racismo es un instrumento de dominación que se ha servido de la biología como pretexto, pero, sin dudas, el intento de dominación tiene otros motivos que no son biológicos (Kornblihtt, 2013).
Por otro lado, estos cambios en la denominación suponen dejar atrás la celebración “del descubrimiento de América”, relato elaborado desde la perspectiva europea. Como todos los hechos históricos, estos también pueden analizarse desde distintos puntos de vista: cuando Colón llegó, América estaba habitada desde hacía miles de años por distintos pueblos. Por lo tanto, Colón no descubrió América. Se trata entonces de cuestionar las miradas que sólo priorizan a la cosmovisión europea para dar paso al conocimiento y la valoración de la inmensa variedad de culturas que los pueblos indígenas, y luego también de afrodescendientes, han aportado y aportan a la construcción de nuestras identidades a lo largo de la historia y en el presente. Lejos de celebrar un supuesto “descubrimiento” o “encuentro armonioso entre culturas”, el Día del respeto a la diversidad cultural busca promover el diálogo intercultural, en un país habitado hoy por 39 pueblos indígenas.
Desde esta perspectiva, el Día del respeto a la diversidad cultural es una oportunidad para reconocer y valorar los modos de vida de estos pueblos. En este caso, hacemos foco en los juegos, concebidos como prácticas sociales y culturales que acompañaron a las mujeres y a los hombres a lo largo de la historia. Muchos de los juegos que conocemos y que aún se juegan han sobrevivido por varios siglos y provienen de las culturas indígenas. Para algunas niñas y algunos niños estas propuestas les permitirán acercarse a formas de vidas diferentes de las suyas.
Para otras y otros, será una manera de reconocerse o también de enriquecer sus conocimientos sobre sus propias historias y tradiciones. En ambos casos, se trata de que las alumnas y alumnos comiencen a conocer y valorar parte de nuestro patrimonio cultural, puesto que los juegos y los juguetes constituyen bienes patrimoniales que conforman nuestras identidades.
Conocer los juegos que forman parte de las tradiciones de algunos pueblos indígenas -cómo son esos juegos, cómo se jugaban en el pasado y en el presente, cómo se fabrican los elementos que requiere dicho juego- procura favorecer que niñas y niños indaguen parte de la complejidad que constituye a dichas culturas.
Por último, y muy especialmente, apostamos a que reconocer la riqueza de las tradiciones lúdicas que integramos y de las que formamos parte permita enriquecer las posibilidades de juego de las infancias en estos tiempos de cuarentena, aprendiendo nuevos juegos o variantes de estas versiones de juegos mapuches, mbyá-guaranies y qom. Este planteo subraya la idea de que las niñas y niños de distintas comunidades pueden jugar a juegos diferentes, pero todas y todos tienen derecho a jugar.

Palín mapuche
Palín mapuche o la chueca, así llamado por los españoles, es uno de los juegos más comunes entre los pehuenches, mapuches y tehuelches. En sus orígenes, dos equipos se enfrentaban con una especie de bastones largos con una punta curva en el extremo inferior (wiño) y con una pelota (pali) de madera o de pasto cubierta por un cuero que intentaban llevar a la meta del equipo contrario. En los extremos de la cancha se marcaban las metas amontonando, para tal fin, ramas y gajos de arbustos. Para protegerse las piernas utilizaban varillas de ramas unidas prolijamente por un hilo. Se quitaban toda prenda de ropa que pudiera molestar su libertad de movimientos. Algunos se cubrían la cabeza con una red de lana colorada o con cuentas de vidrio, otros ceñían su frente con una franja roja en la que colocaban plumas blancas o de color púrpura. Los jugadores se preparaban para el encuentro. Se pintaban el rostro de rojo y negro. Como para ganar se tenía que llegar a cuatro goles, estos partidos a veces eran larguísimos e incluso podían durar hasta dos días (Serulnicoff, A. y otro, 2006).
Tal como relata Lucas Quintupuray (Lonko del LofKintupuray), antiguamente, cuando una comunidad visitaba a otra, jugaban al Palín para conocerse. Solamente jugaban los hombres. Se designaban diez jugadores de cada equipo y a cada uno de los jugadores se le designaba a un contrincante del otro equipo. La finalidad del juego no era derrotar al oponente, sino conocerse, cuidarse y armar lazos. Por eso, primero se presentaban, se decían sus nombres y cómo eran sus familias. Una vez que terminaba el Palín, esa persona se encargaba de que su contrincante en el juego tuviera todo lo necesario en su visita. Ese era el propósito: hacerse amigos. Otra forma de jugar era para tomar decisiones: cuando no se ponían de acuerdo sobre un tema, valía la decisión del grupo que ganaba. También el Palín se practicaba y aún se practica como entrenamiento físico. Actualmente, el juego del Palín sigue siendo una forma de diversión que juegan niñas, niños, mujeres y varones. Entre mapuches, se juega, por ejemplo, cuando finalizan sus ceremonias. “Los juegos nos ayudan a armar lazos con otras comunidades y con la sociedad no mapuche” (Relato de Lucas Quintupuray, Lonko del LofKintupuray, 2020).


Juegos y juguetes de niñas y niños qom
Los qom del oeste de Formosa para jugar al chajá (que es un ave grande que se encuentra sobre todo en la costa del río) eligen a una persona que se acuesta en el piso imitando al chajá, haciéndose la dormida. El resto de las y los participantes del juego hacen una ronda alrededor y cantan varias veces la frase: Tahaqqa’a ’auoche [Chajá dormite]. Luego, cantan varias veces Tahaqqadatom [Que despierte el Chajá], cada vez más rápido y fuerte hasta que el Chajá se despierta. Así, juntando las dos manos como si fuesen un pico y caminando y agachado en cuclillas, el chajá empieza a perseguir a las niñas y niños de la ronda para picotearlos. Quien recibe el picotazo se convierte en Chajá y el juego comienza una vez más. 
Si el Chajá no puede picotear a nadie, las chicas y los chicos vuelven a cantarle Tahaqqa’a ’auoche hasta que se duerme otra vez. Dicen que este canto fue creado por un anciano con solo escuchar las bandadas de chajá en las lagunas para que así puedan jugar las niñas y niños.
Durante el juego, la ronda no se desarma, así ese Chajá que está agachado puede picotear a quienes están de pie. Cabe destacar que para imitar al Chajá y correr agachados, hay que tener bastante resistencia en las piernas, por lo cual practicar ese juego permite entrenar esa fuerza o capacidad (Citro et al, 2016).
Por otra parte, los qom continúan también haciendo sus propios juguetes. Así, por ejemplo, junto con los juguetes de plástico que los adultos compran en el pueblo,
conviven las muñecas y muñecos de barro que las niñas y niños modelan con la arcilla. Durante mucho tiempo los adultos eran quienes hacían los muñecos de barro para las y los más chicos, secándolos al sol, cociéndolos y guardándolos después. Se han hecho también animalitos como osos hormigueros, pajaritos, ñandúes, chajás y muchos otros. Asimismo, hacían muñecas de trapo y las llamaban cocote. Otros juguetes eran los arcos y flechas, que en algunos lugares las familias fabrican hasta hoy para sus hijos.
Otros juegos que se mantienen a lo largo de generaciones entre los qom del noroeste de Formosa son los juegos de hilo donde se recrean formas de animales o partes de sus cuerpos como, por ejemplo, pez, pájaro, colita de gallina o de los astros como la estrella y la luna. Parte del juego consiste en descubrir a qué animal u objeto se asemejan. Este juego es practicado por las niñas a la hora de la siesta (Citro et al, 2016).

 


Mangá guaraní

El mangá es un juego reconocido como parte de la tradición lúdica mbyá-guaraní. En sus descripciones históricas, se plantea que es un juego practicado tanto por adultos como por niñas y niños, y que para jugar se utiliza una pelota hecha con chalas de choclos que a veces también está provista de plumas. En términos generales, su objetivo es mantener la pelota en el aire el mayor tiempo posible y que no toque el suelo. La denominación mangá puede provenir de mangavsý, una especie de goma que se extrae del árbol llamado mangaý con el que se hace la pelota (Enriz, 2012).

Pelota utilizada para jugar al mangá en comunidades de la
Reserva Yaboti, Misiones. Archivo personal Noelia Enriz.

Preguntas para conversar entre personas adultas, niñas y niños

1• ¿Cuáles de estos juegos les resultan conocidos y cuáles no?
2• ¿Cómo los juegan? ¿De la misma manera a como están descriptos o de forma diferente?
3• ¿Qué modificaciones se podrían realizar para poder jugar a alguno de estos juegos en el hogar?
Estas propuestas y reflexiones se sustentan en la idea de que “no es posible pensar la diversidad salvo con un profundo respeto a la igualdad de todos los seres humanos (...). La atención a la diversidad tiende a deslizarse fácilmente hacia la distinción, hacia el racismo y la dominación. Así, a estas alturas de la vida humana, persiste la tarea constante de darse tiempo para la conversación, para la reflexión, para imaginar alternativas comunes. En el proceso, también reconocemos esa diversidad que llevamos dentro de nosotros mismos” (Rockwell, 2020). Se trata de ir construyendo colectivamente una comunidad que se asiente en el principio irrenunciable por el cual todas y todos somos distintas y distintos y también, somos iguales en tanto tenemos los mismos derechos.
 
BIBLIOGRAFÍA:
• Butler, Judith (2001): El género en disputa. Buenos Aires: Paidós.
• Citro, Silvia et al (2016): Memorias, músicas, danzas y juegos de los Qom de Formosa. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Editorial de la Facultad de Filosofía y Letras Universidad de Buenos Aires. Recuperado de:
http://publicaciones.filo.uba.ar/sites/publicaciones.filo.uba.ar/files/Memorias%2C%20 m%C3%BAsicas%2C%20danzas%20y%20juegos%20de%20los%20Qom%20de%20 Formosa%20-%20Interactivo_0.pdf
• Enriz, Noelia (2012): “Ceremonias lúdicas mbyá guaraní”. Maguaré, Volumen 26, Número 2, 2012. Recuperado de:
https://revistas.unal.edu.co/index.php/maguare/article/view/37912/41501
• Kornblihtt, Alberto (2013): “Las razas no existen”. En: La humanidad del genoma. ADN, política y sociedad. Colección Ciencia que ladra.
• Rockwell, Elsie (2020): “La diversidad que llevamos dentro”. Recuperado de:
https://www.jardinlac.org/post/la-diversidad-que-llevamos-dentro
• Serulnicoff, Adriana con la colaboración de Garbarino, P. (2006): “Cuadernos para el aula: Juegos y juguetes”. Buenos Aires, Ministerio de Educación de la Nación.
• Siede, Isabelino (1997): Todos y cada uno. Frente al desafío de los Derechos Humanos. Buenos Aires: Amnistía Internacional.
• Wolman, Susana y otros (2009): 12 de octubre. Abriendo sentidos. Aportes para la enseñanza. Escuela Primaria. Ministerio de Educación, CABA.

Fuente: https://continuemosestudiando.abc.gob.ar/contenido/recursos?niveles=inicial,primaria

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